¿Qué es la Combustión Espontánea Humana?

Combustión Espontánea

Se utiliza el término combustión espontánea humana para describir los supuestos casos de incineración de personas vivas sin una fuente externa de ignición, y cuyos cuerpos quedan reducidos casi en su totalidad a cenizas.

Aunque existen multitud de hipótesis sobre la combustión espontánea, la posición mayoritaria es de escepticismo sobre la propia existencia del fenómeno.

Historia
A lo largo de la historia, se han reportado al menos 200 casos de combustión espontánea humana, el primero documentado en el siglo XVIII, pero hasta ahora, los científicos no se ponen de acuerdo sobre si este fenómeno es real.

En términos prácticos, la combustión espontánea es cuando un cuerpo humano, ya sea por algún desequilibrio químico interno o por otras razones aún desconocidas, explota en llamas sin haber sido expuesto a una fuente externa de ignición.

Por lo regular, las llamas se limitan a incinerar la mayor parte del cuerpo de la persona hasta matarla. A menudo, los daños causados por el fuego se limitan a la ropa y el tejido de la víctima, por lo que el resto de la habitación o el punto que estaba justo debajo de esta, se mantienen virtualmente intactos

Explicaciones paranormales
Existen multitud de explicaciones de diversa índole que son rechazadas por la ciencia, bien por recurrir a elementos mágicos o por estar en contradicción con los conocimientos actuales. Estas engloban desde la intervención divina, ampliamente difundida en los siglos XVIII y XIX, el aumento de combustibilidad por consumo de alcohol, partículas exóticas, energías místicas, intervenciones de espíritus, etcétera.

Fuego por descarga estática
Esta teoría afirma que bajo ciertas circunstancias la electricidad estática sube hasta niveles tan peligrosos en el cuerpo humano que una descarga en forma de chispa puede prender las ropas.

El límite inferior para que una descarga eléctrica pueda ser percibida por un ser humano es de 3000 V. Los fenómenos de descarga de electricidad estática son a veces la causa de averías en componentes electrónicos, cuando estos son manipulados por un operario con carga electrostática.

Caminar por una alfombra puede crear una diferencia de potencial de 1500 a 35 000 V.12
Las descargas de electricidad estática pueden prender los gases de hidrocarburos en las gasolineras, y son una de las posibles causas de explosiones en las mismas que popular pero erróneamente se creen causadas por las radiaciones de los teléfonos móviles. El 70% de estos sucesos ocurren en un clima frío y seco, que favorece la carga de electricidad estática.

El fenómeno de enormes cargas estáticas en cuerpos humanos fue advertido por primera vez por el profesor Robin Beach del Instituto Politécnico de Brooklyn. El profesor Beach creía que alguna persona podía llegar a acumular la suficiente carga estática como para prender materiales inflamables al contacto con su cuerpo. Aunque propuso esto como una posible causa para los casos de combustión espontánea, Beach no creía que hubiera una relación con la presunta combustión espontánea genuina, puesto que ninguna forma conocida de descarga electrostática podría hacer que los tejidos de cuerpo humano ardiesen. Sí creía que una descarga estática lo suficientemente fuerte podía provocar la ignición de polvo o pelusa en la ropa.

John E. Heymer da en su libro The Entrancing Flame dos ejemplos de supervivientes de descargas estáticas potencialmente fatales, ambos con testimonios oculares. Los testimonios aparecen como declaraciones escritas y firmadas, omitiendo algunos detalles para preservar la intimidad de los testigos. Dichos casos son:

• Debbie Clark, quien en septiembre de 1985 observó que ráfagas de luz azul emanaban ocasionalmente de su cuerpo.
• Susan Motteshead, quien en el invierno de 1980 sufrió un incendio espontáneo de sus ropas, según el testimonio de su hija.

Casos notables
Nicolle Millet
Aunque existen historias anteriores, el primer caso de muerte atribuida a la combustión humana espontánea con fecha conocida ocurrió en 1725. El caso fue recogido por el francés Jonas Dupont en el libro De Incendiis Corporis Humani Spontaneis (Sobre el fuego espontáneo en el cuerpo humano).

Dupont se inspiró en el caso de un hombre que fue juzgado por el asesinato de su mujer. La víctima, Nicolle Millet, había sido hallada quemada en una silla que permaneció indemne. Durante el juicio, un joven cirujano llamado Nicholas le Cat convenció al jurado de que la muerte de la mujer era un caso de combustión humana espontánea. El acusado fue declarado inocente y el jurado dictaminó que la mujer había muerto «por la visitación de Dios». En Secrets of the Supernatural Joe Nickell afirma que los restos de la señora Millet no fueron encontrados en una silla sin quemar, sino que su cabeza, parte de la columna vertebral y de las extremidades inferiores fueron encontrados quemados en la cocina, donde el suelo se encontraba también quemado. Nickell afima que el marido fue realmente condenado pero que la condena fue revocada posteriormente. Nickell se basa en tres fuentes para su reconstrucción del caso: Elements of Medical Jurisprudence (1835) de G. H. Lewes; Spontanteous Combustion de la Blackwood’s Edinburgh Magazine, n.º 89; y Principals and Practice of Medical Jurisprudence (1883) de T. Stevenson.

Cornelia Zangari di Bandi, Condesa de Cesena
Este caso es famoso por haberlo citado el novelista Charles Dickens en el capítulo 32 de su novela Bleak House. La condesa, de 62 años de edad, murió en algún momento anterior a 1731. La condesa había estado bien todo el día, pero durante la cena se encontraba «embotada y con pesadez». La doncella la acompañó a su habitación y, al día siguiente, al no levantarse a la hora habitual, fue a despertarla y encontró los restos de la condesa. Según el relato, la habitación se encontraba llena de hollín. El cuerpo de la condesa había sido reducido a un montón de cenizas que se encontraba a poco más de un metro de la cama, aunque sus piernas y parte de su cabeza se encontraban relativamente intactas. La cama y el resto del mobiliario no habían sido afectados por el fuego, pero estaban cubiertas por una capa grasienta y maloliente.

En el suelo se encontró una lámpara de aceite cubierta de cenizas, pero sin aceite. La forma en la que se encontraron las sábanas parecía indicar que la condesa se había levantado en algún momento de la noche.

Mary Reeser
Este caso reavivó el interés popular por la combustión espontánea, que había decaído a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX. Mary Reeser era una viuda de 67 años con problemas de sobrepeso, residente en St. Petersburg, Florida. La última vez que se la vio con vida fue el 1 de julio de 1951, cuando su hijo y su casera, Pansy Carpenter, estuvieron con ella por la tarde. Ese día, a las 5 de la madrugada, la señora Carpenter se despertó por un olor a quemado pero, pensando que se trataba de una bomba de agua que se había recalentado, la apagó y volvió a la cama. Por la mañana, recibió un telegrama dirigido a la señora Reeser. Cuando fue a entregárselo, notó que el picaporte estaba caliente, por lo que, alarmada, fue a pedir ayuda. Junto con dos pintores que estaban trabajando cerca, consiguió entrar. El rincón donde se encontraba la silla donde habían dejado la tarde anterior a Mary Reeser se encontraba seriamente quemado. Los más de 75 kg de peso de la señora Reeser se habían reducido a cenizas, y sólo su pie izquierdo era identificable.

También se encontraron su hígado, algunas vértebras y su cráneo, reducido al tamaño de una pelota de béisbol. Todo el apartamento mostraba daños por calor por encima de los 1,2m de altura. Las paredes estaban cubiertas con un hollín grasiento, un espejo se había roto y varios objetos de plástico se habían fundido. Por debajo de esa altura, la única evidencia de fuego era una pequeña zona circular quemada donde había estado Mary Reeser. Un reloj de pared también fue afectado por el calor y se paró a las 4:20 h de la madrugada. El hijo de la señora Reeser declaró que, cuando dejó a su madre, se encontraba fumando un cigarrillo y se había tomado dos cápsulas de Seconal (un barbitúrico). El informe de la policía concluyó que Mary Reeser se había quedado dormida con un cigarro encendido, que éste prendió su bata y el cuerpo se consumió por la combustión de sus tejidos grasos.

John Irving Bentley
El Dr. John Bentley era un cirujano retirado de 92 años. El 4 de diciembre de 1966 unos amigos estuvieron de visita en su casa y se fueron alrededor de las 9 de la noche. A la mañana siguiente, Gosnell, un empleado de la compañía eléctrica fue a revisar el contador del Dr. Bentley. Dado que Bentely tenía problemas de movilidad y sólo podía andar con su andador, Gosnell tenía permiso de éste para entrar en el sótano siempre que fuera necesario. Cuando bajó al sótano, Gosnell notó un extraño olor y un hollín azulado, por lo que subió al piso a investigar. El dormitorio estaba lleno de humo, y en el cuarto de baño encontró los restos de John Bentley. Lo único que quedaba de él era un montón de cenizas y su pie derecho. Cerca de los restos estaba su andador, con los mangos de plástico todavía intactos. Al parecer, el Dr. Bentley era un fumador empedernido y bastante descuidado de pipa. En su armario se encontró ropa con quemaduras de tabaco.

El bebé Rahul
En agosto de 2013, Rahul, un bebé de dos meses y medio de Tamil Nadu, India, fue ingresado por cuarta vez por graves quemaduras. Tratado en la Facultad de Medicina y el Hospital Kilpauk en Chennai, su madre alega que Rahul empezó a arder de forma espontánea. Sin embargo, los resultados de las pruebas iniciales (que mostraron normal funcionamiento de su hígado y los riñones) y la distribución de las quemaduras hacen sospechar a los médicos que se trata de un caso de maltrato infantil.

John Nolan
El 13 de diciembre de 2017, John Nolan, de 70 años de edad, se encontraba caminando por Orchard Place, al norte de Londres, cuando se vio envuelto en llamas en medio de la concurrida calle. Algunos trataron de sofocar las llamas mientras que otros corrieron aterrorizados. Nolan murió al día siguiente por causa de las quemaduras de tercer grado que cubrían el 67% de su cuerpo. La policía nunca encontró la causa por la que el fuego inició. En el cuerpo de la víctima no se encontraron rastros de algún combustible o sustancia inflamable y tampoco se encontraron testigos que vieran el momento exacto cuando Nolan empezaba a arder, a pesar de encontrarse en una calle concurrida.

Fuentes: Google