Los Magos

De origen persa, dábase este nombre a los sacerdotes, los cuales formaban no solamente una secta o religión, sino también una especie de entidad gubernativa, por lo cual aun en una de las más vulgares tradiciones del cristianismo su nombre es sinónimo de reyes, aludiendo quizá a la soberanía de la ciencia, la cual, ya en aquellas remotas edades, colocaba al hombre culto entre la verdadera aristocracia. Su reinado pontifical es, según algunos autores, anerior a las dinatías de Asiria Media. Aristóteles afirma que fue anerior  la fundación del imperio Egipto. Actualmente, empero, más para dar la unidad al cómputo histórico, porque exista algún fundamento de irrefragable auntenticidad, la mayor parte de los historiógrafos ponen la época de al creación de esta secta cinco mil años antes de la guerra de troya.

Su fundador, Zoroastro, fue gran filósofo oriental, cuyas doctinas, así como su misma existencia se ha puesto en tela de juicio, aunque hoy la critica está conciente en que fue un ser real. El celebré oriestalista Haug, en su famosa obra Die fung Gathas, dice en sintesis lo siguiente: Zoroastro fue un reformador religioso del Irán, que vivió hacia el año de 2000 ó 2200 antes de Jesucristo, hijo de una familia sacerdotal que ejercía al mismo tiempo las funciones de la Judicatura. Su patria fue la Bactriana y allí fue donde se declaró enemigo de los falsos dioses y resolvió reformar la religión irania. De ésta conservó los genos o espíritus buenos y procuró espiritualizar y transformar todos los antiguos dioses en malos espíritus. Para impresionar a sus oyentes y secuaces, fingióse enviado del cielo y favorecido con celestiales comunicaciones con el Ser supremo que había revelado su doctrina. Sus enseñanzas son el resultado de un profundo estudio y meditación. Según él, todo cuanto se ofrece a la observación del hombre debe referirse a dos fuerzas originarias que en calidad de no producidas se oponen a todo lo demás producido, pero que, desde el punto de vista de la actividad, son diametralmente opuestas la una a la otra: son el ser y el no ser, el principio y el fin. El ser es la vida (ahu), la realidad, la verdad (asha) y el bien; el no ser es la muerte, la falsedad (drukhs) y el mal.

Zoroastro enseña que la luz fue la primera emanación de la Vida o Ser Eterno, por lo cual en los escritos de Parsi, la luz, la perenme llama, es el símbolo de al divinidad o vida increada; de aquí que a los magos parsis se les llamaba los adoradores del fuego. A esta ciencia del fuego, que el gran arcano de los magos, se refieren casi todos los símbolos asirios; en todas partes se encuentra al encantador que hiere al león y juega con las serpientes: el león es el fuego celeste, las serpientes son las corrientes eléctricas y magnéticas de la tierra.

Hoy en díaya no quedan en Persia más que reminisencias de la antigua religión mazdeana. Un pasaje de Flamin nos prueba el precario estado de la misma en el imperio del Sha. “En uno de mis viajes a Persia, recorriendo sus ruinas, observe que dos ancianos de venerable aspecto avanzaban lentamente y con cautela hacia la colina, cuyo pie me servía de teatro de mis exploraciones: ocultéme detrñas del ángulo de una roca y vi cómo se paraban en una elevacion que dominaba la planicie y cómo pliegues de sus vestidos. Sobre este informe pedestal colocaron aquellos misteriosos personajes algunas ramas secas y después, haciendo brotar una chispa del pedernal, prendieron fuego, prosternáronse de cara al oriente y recitaron en voz baja unas oraciones mientras duró la llama. Eran los últimos vestigios de aquella religión poderosa que los monarcas Sasánidas habían querido imponer en el Oriente.

La Historia de Cupido

Cupido es uno de los símbolos de San Valentín, se le conoce como un niño alado y armado con arco y flechas que son disparadas a dioses y humanos, provocando que se enamoren profundamente. En ocasiones lleva también los ojos vendados, para mostrar que el amor es ciego.
Su propia historia de amor aparece narrado en su forma más completa en la novela latina “El asno de oro” o “Las Metamorfosis” de Apuleyo (s. II d.C.).

En la antigua Grecia Cupido era conocido como Eros, el hijo joven de Afrodita la diosa del amor, la belleza y la fertilidad. Para los romanos Cupido es el dios del amor hijo de Venus y de Marte, dios de la guerra.

Cupido era ayudante de su madre Venus, dirigía la fuerza primordial del amor y la llevaba a los mortales. Era pícaro y carismático, pero a veces cruel con sus víctimas, ya que no tenía escrúpulos.

A la espalda llevaba dos clases de flechas: unas doradas con plumas de paloma que provocaban un amor instantáneo, y otras de plomo con plumas de búho que provocaban la indiferencia.

Consciente del poder que tenia, a veces rechazaba las peticiones de su madre y los demás dioses de interferir en el curso de la vida de algunos mortales así que provocaba frecuentes problemas a los dioses.

Un día se enfadó con Apolo cuando éste bromeo sobre sus habilidades como arquero, así que Cupido hizo que Apolo se enamorara de la ninfa Dafne y a ella le disparó una flecha con punta de plomo. Dafne rezó al dios río Peneo pidiendo ayuda y fue transformada en un árbol de laurel, que se consagró a Apolo.

Así entre rebeldía y travesuras, Cupido cumplía con su cometido, al paso del tiempo Venus comenzó a preocuparse porque su hijo no crecía, así que en busca de una respuesta se dirigió al Oráculo de Temis, quien le dijo: “El amor no puede crecer sin pasión”. Venus no comprendió la respuesta hasta que nació su hijo Anteros, dios de la pasión. Cuando estaba junto a él, Cupido crecía y se transformaba en un hermoso joven, pero cuando se separaban, volvía a ser un niño.

Por otro lado en la Tierra de los mortales vivía una princesa llamada Psique (Alma), que a pesar de ser tan bella no lograba encontrar marido pues los hombres que la idolatraban no se sentían dignos de ella.

Su padre intentó hallar a través del oráculo de Delfos un buen marido para Psique, pero éste predijo que ella encontraría el amor en un precipicio. El marido que le sería destinado, una serpiente alada, terrible y poderosa, llegaría hasta ella y la haría su esposa.

Venus celosa por la gran belleza de Psique le pidió a Cupido que la hiciera enamorarse locamente del hombre más feo, vil y despreciable del mundo. Enterada de que se encontraba en el borde del abismo, envió a su hijo a dispararle sus flechas pero este al verla, se enamoró profundamente de ella y creció hasta convertirse en un apuesto joven.

Contra los deseos de Venus, Cupido llevó a Psique por arte de magia a un castillo aislado y se casó con ella, teniendo la condición de que como simple mortal, tenía prohibido mirarlo.

La princesa al sentirlo cerca y escuchar su dulce voz no sintió temor, estaba segura que no era un monstruo, sino el amante esposo que tanto tiempo había deseado. Él la visitaba todas las noches rogándole siempre que no viera su rostro.

Eran muy felices hasta que convencida por sus envidiosas hermanas, Psique rompió la prohibición impuesta por los dioses y miró a su marido.

Eso le valió el castigo de ser abandonada por Cupido, quien con tristeza se despidió diciéndole: “El Amor no puede vivir sin confianza”. Expulsada del castillo, la arrepentida princesa recorrió el mundo en busca de su amado, superando una serie de desafíos cada vez más dífilas y peligrosos impuestos por Venus.

Como última instrucción le dio una pequeña caja indicándole que la llevara al inframundo. Tenía que llevar un poco de belleza a Proserpina la esposa de Plutón. Se le advirtió también que por ningún motivo debía abrir la caja.

Psique se alistó para el viaje y durante el se enfrentó a varios peligros que fueron superados gracias a los consejos dados, sin embargo la curiosidad por abrir la caja la venció así que lo hizo y al momento cayó en un profundo sueño que parecía la muerte.

Cupido al encontrarla, le retiró el sueño mortal de su cuerpo y lo puso de nuevo en la caja. Finalmente la perdonó al igual que Venus.

Fue tanto lo que ella luchó que finalmente los dioses conmovidos por el amor de Psique hacia Cupido, la convirtieron en una diosa para que pudiera reunirse con su amado.

Felizmente Cupido y Psique: El Amor y el Alma, se unieron tras duras pruebas. De esta unión nació una hija llamada Voluptas cuyo nombre significa “Placer”, de donde derivan palabras como voluptuosidad.

A partir de la historia de estos dos personajes el amor ha sido simbolizado por dos corazones atravesados por una flecha: la flecha de Cupido.

“El amor no mira con los ojos, sino con el espíritu: por eso pintan ciego al alado Cupido”. Shakespeare