París abre las puertas del secreto mundo de la masonería

10 de febrero de 2010

París abre las puertas del secreto mundo de la masonería

Casi trescientos años después de que el pastor James Anderson redactase el Libro de las Constituciones -en lo que se considera el inicio de la masonería moderna-, el Museo de la Francmasonería ambiciona ocupar una posición preponderante en el centro del la cultura masónica en los años futuros

El secreto mundo de las logias masónicas, vinculado a la Ilustración y perseguido durante la Segunda Guerra Mundial, abre a partir de este miércoles sus puertas a los profanos en la sede parisina del Gran Oriente de Francia.

Casi trescientos años después de que el pastor James Anderson redactase el Libro de las Constituciones -en lo que se considera el inicio de la masonería moderna-, el Museo de la Francmasonería ambiciona ocupar “una posición preponderante en el centro del la cultura masónica en los años futuros”.

Así lo afirma Pierre Lambicchi, Gran Maestro del Gran Oriente de Francia, institución creada en 1773 y cuyo máximo grado lo ocupó, entre otros célebres personajes de la Historia, José Bonaparte (Rey de España entre 1808 y 1813), como muestra la línea del tiempo masónica que puede contemplarse en el recién inaugurado museo.

Y es que la profesión masónica no ha dejado nunca de ocupar un notable lugar en la historia de Francia, desde los días en los que se gestaba la Revolución Francesa (1789) hasta la actualidad, donde Xavier Bertrand, el secretario general del partido político del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, forma parte de esta comunidad que debe su nombre a la palabra francesa “albañil”.

Recuerda Lambicchi que los valores masones están estrechamente vinculados a los que inspiraron a los revolucionarios del siglo XVII como el pensador Voltaire -ilustre miembro de la sociedad masónica- y al lema nacional francés, que aspira a la libertad, igualdad y fraternidad de todos los ciudadanos republicanos.

Desde entonces hasta nuestros días, los masones no han dejado de influir en el devenir de la sociedad francesa.

Tanto es así que Francia ha visto recientemente cómo algunos de sus maestros participaban en la redacción de la ley que permite las uniones civiles del mismo sexo (PAC) o el estudio de la legislación sobre bioética, señalan las explicaciones del museo.

Las masonería francesa, prohibida durante el Gobierno colaboracionista de Vichy de la Segunda Guerra Mundial pero tolerada en la Francia liberada, atrajo también a pensadores de otros países, como al pintor cubista español Juan Gris, que fue iniciado por la logia de París en 1923.

Pero es el carácter secreto de las logias masónicas, terreno fértil para teorías conspirativas, y los rituales en los que participan sus miembros, lo que más llama la atención de los no iniciados.

Por ello, el visitante comienza su recorrido por el museo descubriendo una serie de dibujos y obras de arte que hacen referencia a dichos rituales, para adentrarse después en un universo de simbología masónica, que abarca pinturas, esculturas, vajillas de porcelana, sables delantales, libros y una infinidad de artes decorativas que alcanzan los 10.000 objetos.

Destacan entre ellos los delantales -uno de los símbolos masónicos más extendidos- de Voltaire o de Jérome Bonaparte, Rey de Westfalia y hermano de Napoleón I, la espada de “venerable” que perteneció a Lafayette, o una edición original de las Constituciones de Anderson.

Ninguna referencia, no obstante, al libro “El símbolo perdido” del exitoso Dan Brown, quien ha conseguido vender millones de ejemplares de su novela basada en una conspiración francomasónica.

Pero el museo no pretende exclusivamente convertirse en un espacio que atestigüe la influencia de la masonería en la sociedad gala, sino participar además en el futuro de dicha comunidad, que se dice liberal y anti-dogmática.

Por ello, la mitad de su espacio se dedicará a exposiciones temporales, así como a celebrar coloquios y reuniones en las que quizá puedan participar aquellos que sienten cierta fascinación por el misterioso universo de la masonería.
Agencia EFE

Ovnis en la Antiguedad

Lo que actualmente se conoce como el «fenómeno ovni» es fundamentalmente un concepto moderno nacido en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, hay quienes interpretan algunos pasajes de la Biblia y de otras tradiciones originadas de culturas antiguas, como presuntas evidencias de antiguos avistamientos ovni.

Muchos sostienen que, desde el pasado más remoto, el ser humano trató de adaptar lo que veía a su intelecto, relacionando los distintos avistamientos con objetos conocidos, cercanos a él. Así, a partir de este argumento.

Dentro de algunos grupos ufológicos y creyentes en el fenómeno, también existe quienes plantean que muchas de estas referencias antiguas, serían registros de observaciones reales de supuestas naves alienígenas. También señalan que, si estos vehículos aéreos estaban tripulados, se produciría igualmente el contacto con los eventuales seres extraterrestres, quienes transmitirían a los observadores enseñanzas diversas. Según esta teoría, el origen de muchas de las civilizaciones del pasado (Egipto, Babilonia, etc.) radicaría en estos primitivos contactos. Así sostienen que estas supuestas naves habrían recibido distintas denominaciones en documentos antiguos: vehículo de los dioses, carros de fuego, vimanas, discos solares, nubes, nubes de fuego, el Borax Resplandeciente, nubes con ángeles, carro Pushpaka, maruts (todas ellas en el Ramayana hindú); y también escudo que vuela, luces cósmicas, perlas luminosas, discos solares, flechas ígneas, Serpiente de las Nubes, escudo yacente, espadas voladoras, esferas transparentes, y otros cientos de nombres recibidos en distintas culturas, que serían claros ejemplos de las diferentes naves aéreas que surcaban los cielos.

Entre las supuestas pruebas que aportan, estarían también la que Pablo Sortino y Fernando Martínez Santos llaman «evidencia atmosférica». Para estos parapsicólogos los halos de santidad que aparecen en las iconografías antiguas, ya sea en la hinduísta, budista, y más tarde en las imágenes de los místicos cristianos beatificados, así cómo en ciertos grabados de los pueblos americanos precolombinos; de la cual postulan que no serán más que una cierta rememoración cultural y religiosa de un aspecto estético de “seres divinos”, que habrían encerrado literalmente sus rostros en cápsulas, seguramente para lograr respirar en nuestra Tierra.

Igualmente en la actualidad se sabe que algunas etnias indígenas, como por ejemplo en las culturas mapuches de Chile, se postula que conocen el fenómeno OVNI desde hace siglos, en los que tienen una denominación específica para tales sucesos y las relacionan con seres que tienen capacidades de transformarse en fenómenos luminosos, tales como la leyenda del Anchimallén. Historias similares se tienen entre culturas chilotas del sur de Chile, que además incluirían fenómenos OVNIs asociados a OSNIs (Objeto Submarino No Identificado), en la leyenda del Caleuche.

Sin embargo, esta hipótesis no deja de ser una explicación ad hoc, ya que las nubes y carros de fuego podrían ser metáforas empleadas en los relatos religiosos y no hay ninguna evidencia de que dichos relatos deban ser interpretados más que de una forma mítica. Así, aunque también cabe señalar que tampoco existe absoluta seguridad científica de que aquellas descripciones sean metáforas religiosas, pues tampoco hay una forma empírica de saber si así ocurrieron los hechos o no; por lo que decir que se trata de naves extraterrestres es solo un argumento desde la ignorancia.

Primeros avistamientos modernos

Antes de que se acuñaran los términos platillo volador u OVNI, queda constancia de una serie de menciones a extraños e inidentificados fenómenos aéreos ocurridos hace años; los cuales ya no serían asociados con creencias, leyendas o mitos, como se presume que podría haber sucedido en la antigüedad. Éstas menciones datan desde mediados del siglo XIX a principios del siglo XX.

Así, los investigadores del fenómeno ovni consideran como el primer avistamiento documentado moderno, el sucedido en Chile en 1868. Fue publicado en el periódico El Constituyente, de la ciudad de Copiapó y se refería al ovni observado en el mismo como a “un volátil desconocido” y, posteriormente, ese mismo año, como a un grupo de “estrellas filantes” o “bólidos” que cruzaban el cielo. El fenómeno se observó muchas veces en esa zona durante dicho año, y es considerado por los ufólogos como la primera oleada de la que se tiene constancia, y el inicio de los registros que propiamente tal se relacionan al tema ovni.